Operacion Perfecta. Alfredo Molano. El Espectador

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Con las zonas de reserva campesina (ZRC), por ejemplo, ha incumplido de totazo el acuerdo de financiarles pequeños proyectos productivos. Lo hizo el año pasado y los suspendió como quien corta de un machetazo una cuerda. Y punto. Ni razón chica ni grande. La majestad del Estado, que llaman. Prometió también celebrar con entidades públicas programas conjuntos para contrarrestar la perversa tesis militar de que las ZRC son una retaguardia guerrillera. Ni siquiera fue capaz el ministro de enviar un delegado a saludar la IV reunión de zonas campesinas. En el fondo, el Gobierno demuestra un desdén grosero por lo que llaman los labriegos, que es una imagen palúdica de lo que es un campesino. No quiso saber, por la misma razón, que el censo agropecuario al que tanta propaganda le hace haya permitido saber cuántos campesinos hay en el país. La disculpa: campesino es un concepto muy poroso. ¡Qué terminacho! El eterno esguince etimológico. Más aún, con el argumento de que no se ha hecho una evaluación de las ZRC han paralizado la constitución de otras nuevas: Güejar, Puerto Rico, Sumapaz, Catatumbo. ¿Quién hará esa evaluación? ¿Qué participación tendrán las asociaciones campesinas en ella? ¿O será hecha a medianoche por técnicos de Planeación Nacional que sólo conocen los labriegos de Anapoima?

La Cumbre Agraria concentra una muy poderosa fuerza campesina que el Gobierno no puede desconocer. Después de la violenta represión de que han sido objeto los campesinos desde cuando destrozaron la Asociación de Usuarios (Anuc), su poder ha tardado en reconstituirse, pero ahí está vivito y coleando. El Gobierno la recibe con el nuevo proyecto de Ley de Tierras, que busca abrirles la puerta a las grandes empresas para seguir adueñándose de los baldíos nacionales. Desconoce el Gobierno la historia: la violencia agraria comenzó y se sostiene por la rebatiña de los baldíos desde fines del siglo XIX hasta ahora. La pelea de colonos y arrendatarios de Cundinamarca en los años 20, la de los campesinos de Sucre en los 70, la de los colonos de Caquetá hoy han sido causadas siempre por la apropiación de las tierras baldías que hacendados y empresarios ocupan a la fuerza. La nueva ley, por presión de palmeros y azucareros y, claro, de firmas multinacionales como Cargill Incorporated, ha adoptado la figura de alianzas productivas que son pura aparcería neoliberal, donde el que pone los gastos es el campesino asociado y el que recibe las ganancias es el benemérito empresario. El Gobierno negocia en La Habana una cosa y los gamonales, empresarios y terratenientes, otra. El Gobierno busca sustituir la figura de las ZRC con las Alianzas Productivas. Bonapartismo que no llevará a cosa distinta que mantener viva la tragedia de siempre: apropiación de baldíos. En los Llanos Orientales, en el sur de Bolívar, en el Magdalena Medio, primero entraron los paramilitares a desplazar campesinos y finqueros; el precio de la tierra se puso por los suelos y entonces entraron los palmeros, los agroforestales, los azucareros, a comprar baratas tierras que por ya tener posesión no figuraban como baldíos. ¡Operación perfecta!

Punto aparte. Conozco el río, he navegado muchas veces por sus aguas. Quizá la empresa de navegación, o quizá la empresa turística que dirigía la excursión, sea responsable del siniestro en el Amazonas. Pero la Armada Nacional no puede alzarse de hombros alegando que no puede estar en todas partes.

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