Ríos vivos propone diálogo sobre política energética al Alto Gobierno

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Los megaproyectos de represas son nocivos para el ambiente, las comunidades y la sociedad en general. No importa que empresa las construya, sus efectos e irregularidades se manifiestan de la misma manera. Los proyectos de represas en la actualidad se orientan para abastecer el mercado internacional de la energía que crece paulatinamente, protestamos porque este modelo energético es excluyente y atropella la vocación de los pueblos ancestrales en los territorios.Las represas construidas han desplazado miles de personas en Colombia y el mundo, gran parte de ellas han tenido que cambiar su actividad económica tradicional por formas indignas de trabajo, para poder sobrevivir. Campesinos, pescadores y mineros artesanales se han visto obligados a migrar a las grandes ciudades, engrosando las filas de desempleados o convirtiéndose en vendedores ambulantes, obreros o personas en situación de calle, indígenas, campesinos y pescadores fueron obligados a transformar sus costumbres, tradiciones y sus planes de vida, como sucedió con la construcción de la hidroeléctrica de Urrá I, entre otros.Los impactos sociales más graves recaen o ejercen presión en la vida de las mujeres quienes tienen que enfrentar la ruptura o descomposición familiar, la violencia intrafamiliar, y las preocupaciones del hogar ante la falta de ingresos seguros. Sin embargo, frente a esta diversidad de impactos, el elemento común en cada lugar es que las mujeres jamás han sido tenidas en cuenta para el resarcimiento de derechos o indemnizaciones. Los EIA pasan por alto estos y muchos otros aspectos, lo que indica su ineficiencia.En general, las represas disminuyen la capacidad productiva de los territorios, vulnerando la seguridad y la soberanía alimentaria en las regiones, pero también poniendo en riesgo el autoabastecimiento del país en el mediano plazo, en virtud de la cantidad y envergadura de los proyectos que se pretenden implementar.Por otra parte, la mayoría del territorio colombiano vive con agudeza los efectos del conflicto armado, que facilitan la construcción de estos y otros megaproyectos en tanto las comunidades no pueden organizarse para reclamar sus derechos, de igual manera los desplazamientos forzados han servido para desocupar estas zonas de interés.

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