Los Agrocombustibles: ¿solo canto de sirenas?

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ANÁLISIS DE LOS IMPACTOS AMBIENTALES Y SOCIALES PARA EL CASO COLOMBIANO
Por: Mario Alejandro Pérez-Rincón1

La crisis de abastecimiento de energía fósil y el calentamiento global ponen en el derrotero de las políticas internacionales y nacionales la promoción de energías alternativas dentro de las que se destacan los agrocombustibles. En el 2003, por ejemplo, la Unión Europea (UE) publicó una directiva2 que establecía que para el año 2005 el 2% de toda la energía usada en el sector del transporte tenía que derivar de biocarburantes. En el 2010, ésta debería incrementarse al 5.5%.

Para Colombia, esta opción es parte central de la estrategia de política energética y para ello ha adecuado su marco legal abriendo el camino a la producción de combustibles de origen agrícola. La ley 693/2001 estipula que la gasolina colombiana deberá tener un 10% de etanol en 2009 y alcanzar gradualmente una proporción del 25% en los próximos 15 ó 20 años. La Ley 788/2002 (de Reforma Tributaria), introduce exenciones de IVA, Impuesto Global y Sobretasa al componente de alcohol de los combustibles oxigenados. La ley 939/2004 estimula la producción de biodiesel hasta en un 5% para este tipo de motores.
El argumento principal que justifica las políticas a favor de los agrocombustibles a nivel mundial, aunque se centra en aspectos ambientales, incluye también aspectos socio económicos. Dentro de los primeros se resalta el hecho de que no aumentaría la concentración de CO2 en la atmósfera, ya que el CO2 que se desprende en la fase de combustión es el que se ha absorbido en la fase de crecimiento de las plantas gracias a la fotosíntesis. Además, el reemplazo de cierta cantidad de combustibles fósiles por el uso de biocarburantes resolvería parte del problema de escasez de fuentes energéticas y de dependencia de las mismas (Russi, 2007). En términos sociales, la Comisaría de Agricultura y Desarrollo Rural de la UE señalaba: “las materias primas para la producción de biocarburantes proporcionan también en potencia una nueva salida para los agricultores europeos, permitiendo ahora convertirse en verdaderos empresarios”.
Argumentos similares son usados por el gobierno colombiano. En la página web del Ministerio de Agricultura se plantean los siguientes beneficios al producir biocombustibles para el país: i) proteger las reservas de petróleo colombiano y disminuir la dependencia del uso de combustibles fósiles; ii) beneficiar el ambiente por el carácter biodegradable de los mismos; y, iii) desarrollo agrícola a través de la generación de empleos y la diversificación de cultivos, reduciendo además la importación de combustibles con un ahorro anual para el país de 500 millones de dólares (Minagricultura, s.f.).

Todo parece ser “canto de sirenas”. Sin embargo, presentar a los agrocombustibles como la “varita mágica” que resuelve todos los problemas puede resultar un discurso peligroso y engañoso. Diferentes estudios realizados a nivel internacional y nacional han señalado los riesgos de esta alternativa (Pimentel y Patzek, 2005; Russi, 2007; ETC Group; HREV-CBC, 2006; HRW-Diócesis de Quibdo, 2004; Pérez, 2007). Estas opciones, a pesar de estar basadas en el uso y explotación de recursos naturales de carácter renovable, conllevan también importantes implicaciones ambientales y sociales en varios aspectos: ampliación de la frontera agrícola a costa de importantes áreas boscosas tropicales; incremento de la demanda de agua y alteración de los regimenes hidrológicos en cuencas con importantes situaciones de estrés hídrico; contaminación del suelo y el agua con el uso exagerado de insumos agroquímicos para aumentar la productividad; impulso a patrones de desarrollo agrícola que además de ser energéticamente ineficientes (bajo balance energético output/input) (Cussó et al, 2006; Pimentel, 1996), ponen en riesgo la seguridad alimentaria e incrementan la pobreza al presionar al alza los precios de los bienes básicos y generarse un desplazamiento de la producción de alimentos por la producción para biocombustibles.

Por estas razones, tratar de identificar los impactos ambientales y sociales de la producción de agrocombustibles para la economía colombiana resulta una necesidad imperiosa si se quiere evitar entrar en el juego de la insostenibilidad y del desmesurado costo socio-ecológico. Así, este escrito pretende avanzar en la identificación y evaluación de los impactos ambientales y sociales de la producción de agrocombustibles para la economía nacional desde la perspectiva de la Economía Ecológica. Una evaluación rigurosa de estos impactos dará elementos para reconsiderar esta estrategia por parte del gobierno nacional, así como brindará información a los movimientos sociales para que no se dejen encantar con estos “cantos de sirena” y traten de desmontar los planes a gran escala como una estrategia inadecuada que pretende, como señala Russi (2007), “matar muchos pájaros de un solo tiro: altos precios del petróleo, cambio climático, seguridad energética y contaminación urbana”.

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